Nathalie Trutmann: motivada por la curiosidad, de bióloga marina a CEO y especialista en innovación

La ejecutiva suizo-guatemalteca construyó su carrera profesional de la misma forma en que vivió viajes y aventuras: con el aprendizaje como guía para afrontar los desafíos de un mundo en transformación

Inquietud. Esa es la palabra que mejor define a Nathalie Trutmann, una guatemalteca de padre suizo, madre panameña y graduada en biología marina que se convirtió en especialista en transformación digital e innovación. Ella trabajó y viajó por tantos países que se le hace difícil explicar en pocas palabras cómo fue esa transición de carrera.

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Por favor, no confunda inquietud con ansiedad. Nathalie se considera una aventurera, que desde la juventud no duda en tomar el camino o aceptar un empleo en cualquier lugar del planeta, siempre motivada por la voluntad de aprender y crecer como persona.

Entre 2014 y enero de 2020, trabajó en la operación brasileña de Hyper Island, una consultora especializada en capacitar profesionales para un mundo digitalmente transformado. Fue directora para América Latina, para las Américas y, finalmente, CEO. Antes de eso, pasó por organizaciones como FIAP y Singularity University, siempre liderando iniciativas de innovación. “Tengo un lado muy aventurero. Preparo mi valija en cinco minutos y mientras tenga tarjeta de crédito, celular y pasaporte, está todo listo. Me las arreglo”, dice.

Cómo esa ejecutiva inicialmente formada en biología marina recorrió este camino inusitado es lo que la propia Nathalie cuenta en una entrevista exclusiva para el Blog de Orange.

Comienzo de la carrera

“Siempre me impulsó la curiosidad. Mi primera formación es en biología marina [Universidad de California, EE. UU.]. Siempre intenté seguir a las personas inspiradoras. También soy una enamorada de la naturaleza, de los deportes. ¡Creía que entrenaría delfines! Fue una experiencia increíble estudiar en California, bucear en varios lugares del mundo. Fue una época en la que me denominaba ‘soñadora irremediable’.

Hacía lo que surgía y me arreglaba. También siempre chocándome con la realidad, cuando somos jóvenes creemos que las cosas son de una manera, mientras que son de otra. Luego comprendí que el campo laboral [para un biólogo marino] estaban más dentro de los laboratorios, y no era lo que quería.

Y di un giro. Entré en una agencia de publicidad para actuar en la cuenta de Bayer, porque querían a alguien que entendiera de biología. A la vez, hacía un MBA a la noche, con orientación en educación. Estaba siempre reciclándome y haciendo otros cursos.

En la agencia, decidí que sería mejor ser cliente —pues se viajaba más— y entré al mundo de "farma" en el área de marketing. Estuve tres años en multinacionales y descubrí que no era lo que quería. Si yo quería tener las puertas abiertas para todo el mundo, necesitaría un MBA Internacional [en Francia].

Es gracioso que hasta ese momento nunca había escuchado la palabra ‘networking’. Y todo el mundo solo hablaba de dinero, lo que era muy distinto de mi formación como bióloga, en donde solo se hablaba de pececitos. Cuando finalicé, me tomé un año sabático, explorando distintas cosas, trabajando en algunas ONG. Todos salían del MBA aspirando un trabajo de consultoría o banco de inversiones, pero yo no lo hice. Salí para iniciar mi formación de buceadora, ayudar en una estación de investigación de iguanas, trabajar en ONG en la selva. ¡Incluso llegué a participar de un congreso de turismo de aventura en Alaska!

En ese momento entré a una compañía llamada Fonterra, que tenía parte de sus operaciones en América Latina, comprada por Nestlé. Y no sabía qué hacer, pero mientras la empresa decidía quién se quedaría en cada área, decidí comprar un velero y dar la vuelta al mundo con dos amigas. Compré el velero por un precio muy barato. Creíamos que solo sería pintarlo y listo. No teníamos idea de qué era navegar. No pudimos dar la vuelta al mundo, pero durante seis meses vivimos un sueño. Aprendimos a navegar, llevamos turistas a dar vueltas...

Al final de aquel año me invitaron para ir a Nueva Zelanda, donde estaba la casa matriz de la empresa. Llamé a mis amigas y les dije que daría la vuelta al mundo. No en velero, sino en avión”.

Encuentro en la educación

“Cuando llegué a Nueva Zelanda, conocí a mi marido, que es brasileño. Así fue como terminé en Brasil. Me tomé un año sabático porque no quería trabajar más en grandes corporaciones. Estuve haciendo bijouterie y vendiendo en Benedito Calixto [una plaza de la capital de San Pablo famosa por su feria de antigüedades los fines de semana]. Pero cuando tuve a mi primer hijo, decidí volver al mercado.

Nunca había actuado en educación, pero FIAP [una facultad de tecnología con sede en San Pablo] estaba trabajando en el tema de innovación y les pareció que yo tenía algo interesante por mi experiencia de vida. Entré a FIAP y me encantó. Fue cuando me involucré con Singularity University [comunidad global que usa tecnologías exponenciales para afrontar los mayores desafíos del mundo y construir un futuro póspero para todos] y tuve la oportunidad de representar a esa empresa durante sus primeros cinco años en Brasil, y abrir este importante mercado para ellos.

Mi trabajo en la facultad era identificar nuevas formas de innovar la experiencia educativa de nuestros alumnos. Comencé a conectarme con el ecosistema de innovación digital. Conocí a muchos emprendedores que hoy están en grandes cargos. Me invitaron para hacer un TEDx en el que expliqué que estar con emprendedores era como estar con buceadores, todos animados, con brillo en los ojos.

Comecé a dictar clases a alumnos universitarios y también en escuelas para jóvenes [en edad] que iban a rendir el examen para ingresar a la universidad. Y empecé a hacerme más conocida. Como siempre tuve un sesgo de escritora, cuando cumplí 40 años quise escribir un libro. El Manual para Sonhadores (Manual para Soñadores, de la editorial Leya, 2013) dice verdades que me gustaría haber escuchado más temprano en mi vida”.

Educación, innovación, coraje

“Creo que todos estamos viviendo un momento muy desafiante, pero también que presenta muchas oportunidades si sabemos verlas. Siento que es muy importante enseñar a no tener miedo de sentir mariposas en el estómago, a ser diferente. Ser corajudo. Como dijo Johann Goethe, una de las figuras más importantes de la literatura alemana, ‘el coraje contiene genialidad, poder y magia’. Es necesario comenzar con cosas pequeñas. Me gusta la frase ‘el acento es señal de coraje’. Hay que arriesgar. Hay tantos cambios sucediendo que no hay una fórmula correcta, lo correcto es mantener la automotivación para aprender y reaprender. A la vez, hay que arreglárselas. Hice muchas cosas que pueden parecer locas, pero siempre con los pies en el piso.

Hoy tenemos mucha necesidad de entender más de programación y nuevas tecnologías, pero las soft skills son muy importantes. Uno no se puede quedar atrapado en el ego, hay que cuestionarse siempre qué más se puede aprender. Y hoy es posible aprender de muchas formas: con libros, eventos, personas, cursos, etc.

Fue en esa búsqueda de la próxima innovación que encontré y traje a Hyper Island a Brasil en 2014. Sin nunca haber montado una empresa, fui construyendo el negocio en Brasil, en América Latina y luego en Estados Unidos. Es importante ser conscientes siempre de lo poco sabemos, porque si creemos que somos expertos, estamos llenos de verdades absolutas. Cuando no nos creemos expertos, vamos adelante con coraje, arreglándonos y aprendiendo.

En Hyper Island cerré un ciclo muy bueno, ahora, a comienzos de este año [enero de 2020], después de casi seis años construyendo lo que es hoy en las Américas. Es parte de mi naturaleza. Siempre hablo en las conferencias sobre cómo creamos espacios dentro de nosotros para escuchar los sonidos del futuro. A veces ellos pueden ser muy tenues, pero es importante que estemos atentos.

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